La “fatiga digital” dispara el fanzine: “Mi última revista se entregará en mi funeral”
A Ceferino Galán se le conoce como el decano de los fanzines. Lleva desde 1989 publicando su propia revista autoeditada, El Naufraguito , lo que lo convierte en el más antiguo de España, “o casi”, como él mismo dice, pues huye de afirmaciones rotundas. Se imprime en el barrio de Poble-Sec, en su casa, que ha equipado con modernas impresoras pues, al fin y al cabo, este es un proyecto personal, y su cuadernillo, de no más de 16 páginas, viaja por toda España y, puntualmente, por Latinoamérica y otros rincones del mundo, pues se pueden pedir cualquiera de sus números 144 números (a partir de junio, 145) por internet.
“Uno de los más demandados es el número 37, publicado en 1998, que se titula Cómo hacer un fanzine con éxito relativo . Son muchos los que lo compran y se animan a editar el suyo propio. Lo sé porque más de una vez me han mandado fotos”, confiesa a La Vanguardia mientras enseña uno por uno todos los números de El Naufraguito , conservados cuidadosamente en dos cajas.

“El día que me muera, probablemente esto terminará. Mi último fanzine se entregará en mi funeral”. Hasta que eso ocurra, la constancia seguirá siendo la mayor de sus virtudes. Considera que es “esencial” tenerla, pues “no es fácil no decaer en proyectos de autoedición”, ya que la distribución es una de las mayores trabas, ya que, en general, son los propios autores los que llevan personalmente sus fanzines a las librerías.
De todos modos, estos dos obstáculos, el de la brevedad de muchos proyectos y el de la distribución, que no son menores, no parecen ser un problema para que el universo fanzinero goce de buena salud, en el mundo en general y en Barcelona en particular, pues la ciudad se ha convertido en epicentro de talleres y festivales, como el propio salón Comic Barcelona, que empieza este viernes y dedica un espacio cada vez mayor a este arte, y otros independientes y más específicos, como el Graf Còmic, el Grapa & Tinta o el Gutter Fest, entre otros.
Pablo Taladro es uno de los organizadores de este último certamen, que se celebra en la ciudad desde 2013 y que no deja de crecer, pese a que admite que “cada vez es más difícil encontrar un lugar donde realizarlo”. Desde el taller de la librería gráfica Fatbottom, uno de los principales refugios fanzineros de la ciudad, imprime el suyo propio: Autobulling , “escrito con i”, y reflexiona que, tal vez, este tímido aunque notable auge del fanzine entre la gente joven se deba a un “cansancio” de las tecnologías y “una necesidad de regresar a lo artesanal y a lo analógico. La fatiga digital es cada vez más evidente”.
A ello, Silvia Aymí, librera en Finestres y organizadora del Graf Còmic, añade que los lectores aprecian cada vez más “el elemento autoral, artístico y de compromiso con un discurso más humano y crítico porque el mundo sin alma que nos trae la inteligencia artificial no nos convence”. De ahí que editoriales tradicionales, aunque independientes, como Barrett también hayan puesto el foco en las revistas autoeditadas, publicando Galaxina. Catálogo, la obra y pensamiento de Andrea Galaxina, una de sus máximas exponentes.

Este cansancio de lo digital ha llevado a que más de uno, que quizás no estaba tan vinculado antes al mundo de las viñetas y de la autoedición, se anime a crear el suyo propio, “y eso ha provocado que crezcan también las temáticas de los fanzines, pues ya no son solo punk. Muchos ya no van dirigidos a un grupo específico, sino al gran público. Y eso ha generado escenas antes impensables, como que en Sant Jordi sean varios los que barajen regalar un fanzine en vez de libros, o además de estos”, señala el artista Chini, creador de Jordi, el Mosso d’Esquadra sensible , un personaje que empezó en redes, continuó en fanzine y terminó teniendo su propio libro, lo que a la larga le animó a crear su propia editorial de fanzines, Aguas Internacionales, con la que pretende dar visibilidad a nuevas voces. “Son quienes verdaderamente tienen cosas que contar, por eso creo que al fanzine le queda una larga vida por delante”, se convence.
Si esta profecía se cumple o no, lo sabremos en un tiempo y ayudará a ver su evolución la existencia de archivos dedicados en exclusiva a estas publicaciones. Barcelona tiene el suyo propio: la Fanzinoteca, en Gràcia, así como los fondos de algunas bibliotecas.
Si hay algo que persiste en el ADN del fanzine desde sus inicios es “la libertad”, tal y como apunta Txema Urdampilleta, detrás del festival Grapa&Tinta. “Es una de sus principales características, no estar atado a nadie ni a ninguna ideología. Tampoco sustentados por una editorial, siempre que esta no sea específica”, reflexiona por teléfono.La naturalidad del fanzine –añade el artista Sergi Puyol– no es persistir en el tiempo, “pues no es fácil”. Sin embargo, “los proyectos tienen ahora una ventaja que no tenían en el pasado: la difusión gratuita. Y las redes facilitan la promoción”.
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